jueves, 26 de agosto de 2010

Sheung Wan

La semana pasada decidí regalarme un fin de semana. Dos días solo para mí. Para descansar, estar en casa, acostarme temprano, leer, ver películas y pasear. Aunque el paseo no me llevó muy lejos...

Un poquito más abajo de mi casa, y un poquito más hacia el este, se encuentra Sheung Wan. 

Sheung Wan es como un pequeño oasis dentro de la isla de HK: calles tranquilas, sin ruido, ni tráfico, por las que puedes caminar por en medio de la carretera. Coches aparcados en la calle. Macetas en las ventanas. Pequeñas tiendas y talleres en los bajos de los edificios, y obreros comiendo en las terrazas de las cantinas... Como un pueblo de los de toda la vida. Con solera. 

Allí están las tiendas de pescado seco y otras delicatessen. Y en las calles, el pescado sobre cestas o grandes lonas extendidas en la acera, secándose al sol. Y también las tiendas de medicina tradicional china. Y las de ofrendas a los difuntos, que son las que más me llaman la atención: pequeñas réplicas de billetes, chalets, coches, cosméticos, móviles o bolsos y carteras de marca, para quemar y que en el otro mundo a los muertos no les falte de ná.  Y aquí me acordé de un profe que, en una charla, se dedicó a derribar falsos mitos sobre India, y, en concreto, nos habló de misticismo vs. materialismo. Recordé aquelló y me pregunté si se podría aplicar también a los chinos...

Me dijeron que Sheung Wan es el barrio donde vivían los chinos durante la época colonial inglesa. Y es donde pienso vivir yo. Si me quedo aquí.

domingo, 8 de agosto de 2010

Exhausted...

Estoy muy cansada. Pero no me quejo, porque se trata de un agotamiento buscado y deseado.

Han sido diez días de visitas asiáticas y españolas; de sol, playa y barcos. Días de trasnochar y trabajar. De turismo. Diez días en los que el mini-piso parecía un campamento, con almohadas, colchones hinchables y maletas por donde miraras...

Diez días en los que he redescubierto Hong Kong: montañas y acantilados, playas secretas, nuevos restaurantes, y la China más profunda a sólo 20 minutos de casa...

Diez días muy divertidos.

Y desde ayer vuelvo a estar sola... Sola, con ojeras, e incluso agujetas. Y decidí regalarme el fin de semana, dedicarlo sólo a mí, a disfrutar de mi soledad.
Sin salidas nocturnas. Ni siquiera diurnas. He pasado del sofá a la cama y de la cama al sofá. He leído, he estudiado, me he "embellesido" como dice un amigo colombiano... anoche vi la tormenta desde mi ventana, y hoy disfrutaba el sol en mi salón...

Y tan feliz.


martes, 13 de julio de 2010