viernes, 3 de diciembre de 2010

Gap

Tres meses perdida, sí, lo se, pero de forma justificada -al menos en parte-. 

Tres meses intensos, para bien y para mal, en los que solo quería desdoblarme para poder organizar un poco mi vida, y, al mismo tiempo, disfrutar el poco tiempo que me queda aquí.

El primer mes de desaparición decidí darle una nueva oportunidad a Shanghai, y esta vez no me defraudó. Además, hicimos viaje improvisado a Taiwan, donde descubrí lo que posiblemente hubiera sido China de no haber sido por su régimen político, y por Mao.

El segundo mes de desaparición fue literal, casi real. Trece días de viaje, por Brunei y la selva de Borneo primero, y, sobre todo, por Myanmar después. Sin móvil, ni acceso a internet. Sin ni siquiera saber si podríamos entrar al país debido a los problemas con los visados y la cercanía de sus primeras elecciones en 20 años (si es que aquellas contaron). Me encontré un país puro, donde los monjes son un miembro más de las familias, y los templos se mantienen casi intactos desde hace mil años, formando paisajes místicos. Donde la luz y el agua corriente son un lujo (un lujo auténtico), y la gente se lava en las riberas de los ríos. Donde existen comunidades cuya vida gira enteramente en torno a un lago: viven en pueblos flotantes, pescan, e incluso cultivan hortalizas dentro del agua. Y donde, mires donde mires, te encuentras una sonrisa estampada en una cara cubierta de barro blanco. 

Y después, en el tercer mes de desaparición, me dedico a buscar trabajo para cuando esto acabe, y entro en una especie de montaña rusa de nervios, estrés y mucha mala leche, de la que salí hace una semana o dos, y a la que hoy pienso poner punto y final a base de sol, playa y muchas piñas coladas en las playas tailandesas.

jueves, 26 de agosto de 2010

Sheung Wan

La semana pasada decidí regalarme un fin de semana. Dos días solo para mí. Para descansar, estar en casa, acostarme temprano, leer, ver películas y pasear. Aunque el paseo no me llevó muy lejos...

Un poquito más abajo de mi casa, y un poquito más hacia el este, se encuentra Sheung Wan. 

Sheung Wan es como un pequeño oasis dentro de la isla de HK: calles tranquilas, sin ruido, ni tráfico, por las que puedes caminar por en medio de la carretera. Coches aparcados en la calle. Macetas en las ventanas. Pequeñas tiendas y talleres en los bajos de los edificios, y obreros comiendo en las terrazas de las cantinas... Como un pueblo de los de toda la vida. Con solera. 

Allí están las tiendas de pescado seco y otras delicatessen. Y en las calles, el pescado sobre cestas o grandes lonas extendidas en la acera, secándose al sol. Y también las tiendas de medicina tradicional china. Y las de ofrendas a los difuntos, que son las que más me llaman la atención: pequeñas réplicas de billetes, chalets, coches, cosméticos, móviles o bolsos y carteras de marca, para quemar y que en el otro mundo a los muertos no les falte de ná.  Y aquí me acordé de un profe que, en una charla, se dedicó a derribar falsos mitos sobre India, y, en concreto, nos habló de misticismo vs. materialismo. Recordé aquelló y me pregunté si se podría aplicar también a los chinos...

Me dijeron que Sheung Wan es el barrio donde vivían los chinos durante la época colonial inglesa. Y es donde pienso vivir yo. Si me quedo aquí.

domingo, 8 de agosto de 2010

Exhausted...

Estoy muy cansada. Pero no me quejo, porque se trata de un agotamiento buscado y deseado.

Han sido diez días de visitas asiáticas y españolas; de sol, playa y barcos. Días de trasnochar y trabajar. De turismo. Diez días en los que el mini-piso parecía un campamento, con almohadas, colchones hinchables y maletas por donde miraras...

Diez días en los que he redescubierto Hong Kong: montañas y acantilados, playas secretas, nuevos restaurantes, y la China más profunda a sólo 20 minutos de casa...

Diez días muy divertidos.

Y desde ayer vuelvo a estar sola... Sola, con ojeras, e incluso agujetas. Y decidí regalarme el fin de semana, dedicarlo sólo a mí, a disfrutar de mi soledad.
Sin salidas nocturnas. Ni siquiera diurnas. He pasado del sofá a la cama y de la cama al sofá. He leído, he estudiado, me he "embellesido" como dice un amigo colombiano... anoche vi la tormenta desde mi ventana, y hoy disfrutaba el sol en mi salón...

Y tan feliz.


martes, 13 de julio de 2010

martes, 6 de julio de 2010

Summertime

That lack of sunlight was starting to make me depressed...

Me ha cambiado hasta el humor. Y es que ya estaba empezando a preguntarme qué hacía yo aquí, con esta nube eterna y el calor horroroso y las lluvias, que yo lo que quería era irme a mi tierra y abrasarme con el sol en la playa y que me diera la brisita marina en la cara... y seguro que no hubiera aguantado ni 10 días antes de desesperarme y hartarme de playa, de brisa, de sol y de tierra, que ya me conozco yo esa historia, pero oye, mi falta de paciencia y los enfurruñamientos estos que me dan, que me hacen querer cosas que sé que no quiero...

Pero ya tengo sol y la brisita, tengo la playa, ¡y hasta el chiringo! Y los días larguísimos, las noches sin fin, los pantalones cortos y las chancletas, el olor a crema solar, las barbacoas nocturnas... y tengo también las piernas comidas por los mosquitos, que los de Jonkon parecen más bien tiburones con alas... Y la sonrisa en la cara y los nervios en la tripa, y la sensación de vacaciones sin tener vacaciones (o viviendo de vacaciones...), y los mil planes para los que me falta el tiempo, a pesar de los días larguísimos y las noches sin fin...

Solo me falta mi libro, el del VERANO, el que me he leído una vez al año desde hace ya no se cuantos años, que está el pobrecito hecho polvo de tanto trasiego. Pediré que me lo traigan las próximas visitas, que si no lo leo no es verano de verdad.



Ayer recibí un mensaje de un lugar que ahora está en pleno invierno: hay un paquete haciendo la ruta Tasmania - Hong Kong...

jueves, 24 de junio de 2010

La Fin del Moon

Había hace años un bar en Murcia de esos de primera hora, de los de quedar con la gente allí y tomar unas birritas de pie, en plan tranqui... Estaba pegadito a un local de kebabs, y tenía un público de lo más variopinto: desde jipis hasta góticos, de todo pasaba por allí...

Y entonces me fui un tiempo fuera, y cuando volví ya no existía, y lo peor, ya ni siquiera era capaz de ubicar el local: ¿estaba en esta esquina? ¿o era aquella sidrería?... Nunca supe qué pasó...

La Fin del Moon, se llamaba.

Y ya ni me acordaba de aquel bar. Hasta esta mañana.

Hong Kong ha amanecido con lluvia, con una lluvia como no había visto. Y viento. Pero sobre todo mucha lluvia.

Parecía el Fin del Mundo.

La Fin del Moon.

martes, 1 de junio de 2010

DMZ


La Zona Desmilitarizada de Corea es una franja de 250 largo y 5 de ancho, que corta a la península de Corea a la altura aproximada del paralelo 38, separando a las Coreas del Norte y del Sur.

La Zona Desmilitarizada de Corea es, a pesar de su nombre, la zona más militarizada del mundo. A pesar del acuerdo de alto el fuego de 1953, las dos Coreas siguen en guerra.

La visita está cargada de simbolismo. Eso sí, todo explicado desde el punto de vista surcoreano, que por algo fuimos desde Seúl.

Desde el observatorio de Dora se puede ver Kichong-Dong, un pueblo en la parte norte de la DMZ. Según la guía, se trata de un pueblo deshabitado, en el que los edificios ni siquiera tienen cristales en las ventanas, y que fue "creado" por los norcoreanos para lanzar mensajes propagandísticos. En Corea del norte se le conoce como "Peace Village". En la del Sur, como "Propaganda Village".
La parte Sur también tiene su propio pueblo en la DMZ, Taesong-Dong ("Freedom Village"), donde parece ser que sí vive un puñado de granjeros que tienen que seguir ciertas reglas por parte del gobierno surcoreano, entre las que se incluye el toque de queda a las 10pm. Pero de Taesong-Dong nos cuentan más bien poco...

Visitamos el Tercer túnel de incursión (el tercero de los que se conocen, porque se cree que puede haber más). En teoría, estos túneles fueron excavados por los norcoreanos para así poder cuzar a Corea del Sur y atacar Seúl por sorpresa. Y, según la guía, se puede demostrar. Nos cuenta una teoría enrevesada acerca de la inclinación del túnel, y el agua, y ciertas marcas en las paredes... no lo entendemos... o no nos termina de convencer...

Otro punto de la visita es el "Freedom Bridge", el que se usaba para el intercambio de prisioneros tras la guerra. Ahora, evidentemente, está cerrado, y no se qué hay en la parte norte, pero en la sur hay una valla repleta de lazos y mensajes de familias coreanas que fueron separadas por la guerra, y esperan que algún día se firme la paz para poder reencontrarse.

En Dorasang hay una estación de tren. Sin tren. Está totalmente equipada hasta el más mínimo detalle, para algún día poder ponerse en activo y unir Corea del Sur con Europa, vía Corea del Norte, China y Rusia.

Y, por último, llegamos al Área de Seguridad Compartida (JSA). Controlada por la ONU, es el lugar donde, de haberlos, se producirían los encuentros diplomáticos entre las dos Coreas.
Donde los soldados de ambos frentes se sitúan cara a cara; unos en posición de ataque; los otros, de defensa, eso sí, cada uno en su lado, perfectamente delimitado por rayas amarillas en el suelo. Es el área donde no se permite la entrada a ciudadanos coreanos, sean del Norte o del Sur.
Donde firmamos un documento de la ONU en el que se nos advierte que no se puede garantizar nuestra seguridad en caso de acto hostil, y se nos informa del protocolo a seguir en ese caso.
Donde no se pueden tomar fotografías, ni señalar, ni realizar ningún gesto o expresión que pueda ser utilizado por los norcoreanos como pretexto para comenzar un conflicto internacional.

Es el lugar donde nadie se atreve ni a hablar, porque la tensión que se percibe en el ambiente ya lo dice todo...

Y es el lugar donde se borró todo mi escepticismo, porque si bien es cierto que todo lo vimos desde el punto de vista de una de las partes y no sabemos nada de la otra, y que gran parte de los mensajes que nos dieron eran pura propaganda, lo que está claro es que hay un gran problema desde hace más de 60 años y no parece que vaya a solucionarse por el momento. Y es la primera vez que siento algo así tan de cerca.




sábado, 22 de mayo de 2010

Seoul...


... ha sido uno de los viajes más intensos de mi vida: 600 km2, 12 millones de habitantes, 4 amigos, 48 horas escasas para visitar la ciudad, 4 horas de sueño en todo el fin de semana, y muy muy buen sabor de boca.

... es la ciudad donde viven los compis que nos alojaron: 1 piso, 6 personas, 3 sofás muy cómodos (o yo estaba tan cansada cuando me iba a dormir que me parecían el nirvana!) y 1 baño.

... es enorme, pero no estresa. No tiene las avenidas anchísimas de Pekín, pero tampoco tiene los edificios altísimos de Hong Kong. Es una ciudad muy extensa, con muchas zonas verdes, muy cuidada y limpia, algo raro en Asia...

... y Corea en general, tiene un idioma que no deriva del chino (contrariamente a lo que yo creía), y un alfabeto que parece sacado de una película de extraterrestres. Además, la tecnología es puntera: hay pantallitas táctiles por todas partes, los móviles normales no funcionan (pero se pueden alquilar móviles coreanos en el aeropuerto), los taxis se pagan con bono-viaje, y puedes ver la tele en tu móvil en el metro.

... parece caro: todo se paga en miles de wones. Pero no lo es.

... fue devastada en guerras varias, por lo que a nivel arquitectónico hay poco que ver (los templos y palacios están reconstruidos). Es una ciudad para vivirla, no para estudiarla.

... está muy cerca de la DMZ ("zona desmilitarizada"), que separa las dos Coreas (aun en guerra), y que, a pesar del nombre es la zona más militarizada del mundo. Fue, sin duda, lo que más me impactó del viaje.

... no habla ni entiende inglés, a pesar de que los profesores de inglés en todas las escuelas son nativos (sobre todo americanos). La comunicación con los locales es complicada, pero la gente es taannnn encantadora y dispuesta, que el problema se soluciona pronto!

... es un paraíso de las compras. Y tiene una marcha muy divertida.

... tiene barrios que me recuerdan a los hutongs chinos. Y un río artificial de agua potable en pleno centro de la ciudad. Y un fish market que es como los wet markets de HK, pero en un recinto cerrado. Y un Museo de la Guerra que impacta.

... come perro. Y yo también. Tiene poco sabor, sin más.

... tiene varios pasatiempos populares. Uno de ellos es ir a batear. Tal cual. Te dan un bate, te lanzan pelotas, y bateas para liberar estrés. El otro son los ciberfotomatones: básicamente es una tienda con varios fotomatones. Te encierras con tus amigos en uno, te pones pelucas, sombreros, y haces poses varias mientras la máquina tira fotos. Después editas las fotos (a uno le pones cuerpo de mariposa, a otro de superhéroe, unas estrellitas por aquí, unos corazones por allá), y las imprimes. Por último vas al mostrador a que el dependiente las recorte y las plastifique (con o sin purpurina). ¡Me encantaron!

... desbancó a Pekín como mi ciudad favorita en Asia.


miércoles, 31 de marzo de 2010

Los Sevens


Uno de los grandes acontecimientos de HK son los Rugby Sevens, un torneo anual que se celebra durante todo un fin de semana, en el que equipos de rugby de 24 países, con 7 jugadores en cada equipo, se enfrentan durante 3 días en partidos de 14 minutos (2 partes de 7 minutos cada una).

Las entradas al estadio se agotan meses antes, y las de reventa son carísimas. Viene gente de todo el mundo, y no solo por los partidos (que a mí, que lo único que se del rugby es que juegan con una pelota en forma de pepino, me parecieron muy entretenidos), sino por el ambientazo que hay, tanto en el estadio como en las calles: Hong Kong se llena de gente durante todo el día, y, sobre todo, por la noche.

En Lan Kwai Fong no cabe un alfiler, los bares están abiertos de par en par y ponen la música en la calle, y una marea de gente de todo el mundo, algunos disfrazados (no me pregunten el por qué!) invade toda la zona. Y Wan Chai, pues no estuve, pero debe ser por el estilo.

Hay quien describía los Sevens como "un fin de semana en el que HK se llena de hooligans borrachos". Yo no vi hooligans, ni borrachos, ni peleas ni nada similar... al contrario, vi muy buen rollito y mucha mucha diversión!

martes, 23 de marzo de 2010

Alianza México-Hong Kong


¡Quedó inaugurada la temporada de visitas!

El sábado aterrizaron en HK mi amiga Naishla, mexicanita que conocí en Madrid, y su amiga Rossana (con un jet lag de la muerte después de volar durante al menos 50 horas: Cancún-DF-Madrid-Pekín-HK).

Visita expréss de 3 días para comenzar su ruta "sudeste asiático". Visita corta pero intensa, en la que ha dado tiempo a hacer de todo: turismo, comida, fotos (muchas fotos!!), marcha y compras (muuuchas compras!!!)

Y ahora a esperar a la family...

miércoles, 24 de febrero de 2010

La sonrisa de Filipinas

Filipinas te golpea.

Llegas esperando un paraíso, y en Manila encuentras suciedad, contaminación, ruido, y mucha mucha pobreza. Familias enteras viven entre cartones, en las aceras. Los niños caminan descalzos y desnudos, solos. Las madres despiojan a sus hijos, y los hombres se lavan en mitad de la calle.

Las infraestructuras son escasas, y en algunos sitios, inexistentes. El transporte público utiliza motores de segunda mano importados de Japón, que deben durar al menos 30 años más. Quien tiene un ciclomotor es afortunado. Hay pueblos sin semáforos, ni alumbrado público. Hay cortes de luz...

En este país VIVIR ya es un lujo.

Pero a pesar de esta pobreza generalizada, los filipinos parecen felices. Se detienen y te saludan. Te preguntan el nombre, te dan la mano, quieren saber de dónde eres... Y sonríen. Siempre sonríen. No tienen nada y parecen felices...

Quizás tenga algo que ver con su cielo azul y su sol permanente. O con las junglas, o las playas paradisíacas. O que el tiempo aquí transcurre más despacio... O quizás simplemente lo llevan en los genes...

A pesar de los golpes, Filipinas SONRÍE.

jueves, 11 de febrero de 2010

El Año del Tigre

El Año Nuevo Chino ya está aquí, ¡y Hong Kong está preciosísima!

Mucho más que durante las Navidades y el Fin de Año solar, ¡dónde va a parar! Aquella psicodelia de Diciembre tiene mucho que envidiarle al simbolismo de los adornos chinos...

Los edificios están iluminados, pero nada de grandes luces de colores con motivos navideños estilo años 80, no... son pequeñas lucecitas, discretas, sencillas...

Los faroles rojos (el color de la buena suerte) están por todas partes: en tiendas, restaurantes, por la calle... por la noche los encienden, y crean un efecto espectacular.

Los portales de los edificios están flanqueados por maceteros con pequeños árboles de mandarina, porque mandarina en chino se pronuncia igual que buena suerte. También los tienen en las casas, a modo de nuestro árbol de navidad, junto con las fuentes rojas y doradas que utilizan para poner dulces y caramelos y ofrecerlos a quien entre a la casa.

Y luego están los sobres rojos, en los que se introducen pequeñas cantidades de dinero (siempre una cantidad par, que trae buena suerte), y los jefes lo regalan a sus subordinados, los casados a los solteros...

Hay mercadillos, ferias, las tiendas y las calles están aun más llenas que de costumbre... Y, antes de fin de año, los chinos pagan sus deudas y limpian su casa, para no arrastrar las desgracias del año anterior; y se reunen en la casa paterna para cenar y dar la bienvenida al nuevo año...

Y yo, que ya he saldado mis deudas y tengo el apartamento reluciente, como la casa paterna me pilla un poco retirada, tendré que celebrar el fin de año chino tostándome al sol en Filipinas... ¡Aysss, qué pena!


¡FELIZ AÑO DEL TIGRE A TODOS!


lunes, 1 de febrero de 2010

Smog

Smog (de smoke: humo y fog: niebla): se usa para designar la contaminación atmosférica que se produce en algunas ciudades como resultado de la combinación de unas determinadas circunstancias climatológicas y unos concretos contaminantes.
En países en vías de industrialización como China o algunos países de Europa del Este, todavía es un grave problema en algunas ciudades.


Pero hoy, por fin, ¡se ve el sol!

lunes, 4 de enero de 2010

Navidades asiáticas


Navidades sin villancicos, pero con gorros de Papá Noel. Sin canapés, pero con Pad-Thai. Sin cava, pero con Samsong. Y, sobre todo, sin frío: a 32 ºC y en chancletas.

Navidades en las que paseas en barco, tomas el sol y comes arroz agridulce en terrazas junto al río.

Navidades en las que visitas mil templos budistas, y en las que ves cocodrilos, serpientes, ¡y cocoteros con sus cocos!

Navidades en las que hay que trabajar o, al menos, acudir a la oficina, por primera vez en muuucho tiempo...

Navidades en las que la cena de Fin de Año consiste en una slice de pizza a las 4 de la madrugada, en las que tomas las uvas sin campanadas, y en las que el Nuevo Año comienza 7 horas antes que de costumbre...