Pekín es inmensa, las distancias son enormes. El metro es muy rápido, pero poco útil porque hay pocas líneas, y las paradas siempre están lejísimos del lugar al que quieres llegar. Los autobuses son un caos, ni me molesté en intentar entender cómo funcionan las líneas. Así que el medio de transporte más idóneo es el taxi, siempre y cuando consigas hacer entender al taxista dónde quieres ir. Y que él sepa llegar.
Además, el tráfico es un auténtico caos: por una parte, hay miles de coches, buses, motos eléctricas, bicis, camiones... Por otra, las reglas de tráfico no aplican aquí.
En un cruce, no pasa quien tenga el semáforo verde, sino quien tenga el vehículo más grande (por tanto, el peatón siempre sale perdiendo).
No se conduce en línea recta, sino en zigzag, cambiando de carril cada 3 segundos, y tocando el claxon a la mínima de cambio.
Y en un cruce, aunque el semáforo para peatones esté en verde, también lo está el semáforo para vehículos que quieren girar a su derecha, y como lo que aplica es la regla del tamaño, en ese caso los vehículos tienen la preferencia, por lo que te toca esperar en medio de la carretera a que terminen de pasar.
La contaminación es bestial. Durante los primeros días era imposible ver qué había 10 metros más allá, debido a una niebla espesa de color marrón. Pero al cabo de unos días se aclaró el ambiente debido a las nevadas que cayeron (provocadas según se comenta, debido a la visita de Obama. Los chinos lo niegan) y lució el sol durante el resto del mes.
En Pekín se ve mucha pobreza. Desde gente mutilada pidiendo en el metro, hasta niños de 4 o 5 años pidiendo por la calle a las 4 de la madrugada. Una gran parte de la población no puede permitirse comprar un coche, por eso se ven tantas bicis y motos eléctricas, a pesar del tráfico y del frío.
Además, el tráfico es un auténtico caos: por una parte, hay miles de coches, buses, motos eléctricas, bicis, camiones... Por otra, las reglas de tráfico no aplican aquí.
En un cruce, no pasa quien tenga el semáforo verde, sino quien tenga el vehículo más grande (por tanto, el peatón siempre sale perdiendo).
No se conduce en línea recta, sino en zigzag, cambiando de carril cada 3 segundos, y tocando el claxon a la mínima de cambio.
Y en un cruce, aunque el semáforo para peatones esté en verde, también lo está el semáforo para vehículos que quieren girar a su derecha, y como lo que aplica es la regla del tamaño, en ese caso los vehículos tienen la preferencia, por lo que te toca esperar en medio de la carretera a que terminen de pasar.
La contaminación es bestial. Durante los primeros días era imposible ver qué había 10 metros más allá, debido a una niebla espesa de color marrón. Pero al cabo de unos días se aclaró el ambiente debido a las nevadas que cayeron (provocadas según se comenta, debido a la visita de Obama. Los chinos lo niegan) y lució el sol durante el resto del mes.
En Pekín se ve mucha pobreza. Desde gente mutilada pidiendo en el metro, hasta niños de 4 o 5 años pidiendo por la calle a las 4 de la madrugada. Una gran parte de la población no puede permitirse comprar un coche, por eso se ven tantas bicis y motos eléctricas, a pesar del tráfico y del frío.
Los olores en la calle son muy fuertes, y por la mañana temprano resulta especialmente desagradable, pero llega un punto en que no los notas. No me conseguí acostumbrar al olor de la col china, fuera la hora que fuese...
Ay, qué asquito, tú.
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