lunes, 4 de enero de 2010

Navidades asiáticas


Navidades sin villancicos, pero con gorros de Papá Noel. Sin canapés, pero con Pad-Thai. Sin cava, pero con Samsong. Y, sobre todo, sin frío: a 32 ºC y en chancletas.

Navidades en las que paseas en barco, tomas el sol y comes arroz agridulce en terrazas junto al río.

Navidades en las que visitas mil templos budistas, y en las que ves cocodrilos, serpientes, ¡y cocoteros con sus cocos!

Navidades en las que hay que trabajar o, al menos, acudir a la oficina, por primera vez en muuucho tiempo...

Navidades en las que la cena de Fin de Año consiste en una slice de pizza a las 4 de la madrugada, en las que tomas las uvas sin campanadas, y en las que el Nuevo Año comienza 7 horas antes que de costumbre...

lunes, 21 de diciembre de 2009

Fin de semana en Shanghai



VIERNES.

Llego al aeropuerto, y me han retrasado el vuelo 2 horas, ¡menos mal que me traje el ipod y un libro! En uno de los ratos muertos en el aeropuerto, miro por uno de los ventanales y veo algo raro allí abajo... un chino durmiendo en las pistas de aterrizaje.

Llego a Shanghai a las 18h. Unos se intentan colar al pasar el control de inmigración. Buscando el MagLev (tren de alta velocidad que me llevará del aeropuerto a la ciudad), un taxista camuflado me intenta engañar diciéndome que el tren está "cerrado" y me ofrece sus servicios como taxista. En la cola para comprar el billete del MagLev se me vuelven a intentar colar. El metro a tope, empujones, gente desorientada, la gente sube al vagón antes de que los pasajeros bajen... ¡Estoy de nuevo en China, señores!

Mi amigo Edu me recoge en el metro, dejamos la mochila en su casa, y nos vamos a un hutong a dar una vuelta, tomar algo en un café estilo años 30, cenar, y reunirnos con la gente en un bar con barra libre por 8 euros y un futbolín.


SÁBADO.

Hay que subir a la Oriental Pearl Tower (nada barata, por cierto), donde hay unas vistas impresionantes de todo Shaghai en obras por la Expo. Lo mejor: el balcón con suelo de cristal... ¡una vez superado el vértigo, claro!

Paseíto por la orilla del río, y primer contacto con la comida shanghainesa en un puesto de la calle: ¡sabe dulce!

Después de comer fuimos hacia el Bund, tomamos café en una terraza con vistas nocturnas y paseamos por la concesión francesa.

Las dosis de surrealismo del día llegaron por 2 vías:

-"Bund Sightseeing Tunnel": una especie de tren-cápsula, con un recorrido de algo más de 3 minutos a través de un túnel con luces de colores, música psicodélica y sonidos espaciales... Sigo intentando comprender a qué se refieren con lo de "sightseeing"...

- "Nº 88": una especie de discoteca, de decoración megarococó, a la que además hay que añadirle la decoración navideña (que estaba por todo Shanghai, aunque los chinos no celebren la Navidad). No hay DJ, sino un grupo en directo (y cantan temas de Beyoncé, Lady Gaga, Akon...), bailarines de funky, pájaros, monos, y mucho espectáculo... ¡Es como estar en el Moline Rouge asiático!


DOMINGO.

Visita exprés a Yu Yuan: las tiendas, la casa de té, el parque... y luego de vuelta al aeropuerto, donde me emocioné en el duty free y no escuché cómo me llamaban por megafonía... no perdí el vuelo de milagro...


Quizás sea porque toda la ciudad está en obras por la Expo, o por el frío que hacía y que no había calefacción en ningún sitio, o que he estado muy poco tiempo... no lo se, pero la sensación que me ha dejado Shanghai ha sido agridulce (!como el cerdo!). Esperaba bastante más, y me he encontrado con una ciudad con poco encanto, a caballo entre Pekín y Hong Kong, pero que no llega al punto de ninguna de las dos...

lunes, 14 de diciembre de 2009

Beijing (4 y último) - El surrealismo


- Cada vez que entras a cualquier sitio (museos, templos, metro, parques, etc.), hay que pasar el bolso por el escáner, y pasar bajo el detector de metales. No se para qué, porque nadie mira el monitor del escáner, y aunque el detector de metales pite, nadie te cachea ni te presta la más mínima atención.

- En las atracciones turísticas no permiten que pases el bolso, ni el botellín de agua, ni la guía. Hay que dejarlo todo en un locker. Pero sí permiten que pases la cámara de fotos (excepto en el mausoleo de Mao), y nadie dice nada cuando tomas fotos a pesar de encontrarte rodeado de carteles que lo prohíben explícitamente.

- Las calles suelen estar valladas. ¿Por qué? No lo se. Quizás para que los chinos no crucen por cualquier sitio...

- La emisión de gases corporales de todo tipo, hacer las necesidades en plena calle, y, sobre todo, escupir, está a la orden del día, y es algo tan natural como parpadear. No importa que estés en la calle, en el metro, o en un restaurante: la banda sonora no varía.

- Las motos llevan manoplas incorporadas en el manillar, para no congelarse las manos con el frío.

- Se dice se comenta, que una de las nevadas de Noviembre fue provocada por el Gobierno chino, para limpiar el ambiente y que no hubiera rastro de contaminación durante la visita de Obama. Todos los chinos con los que hablé se reían de esto y no lo creían., incluso aquellos de nivel alto, criados en Gran Bretaña o en Estados Unidos. ¿Nos engañan a nosotros o a ellos?

- Los taxistas no te entienden; o no saben dónde está el lugar al que quieres ir; o no hay manera de coger un taxi porque no paran; o cuando paran y subes, caminan 5 metros y te dicen que te bajes sin saber por qué; o si quieres ir al Distrito 798, te dejan en la otra punta de Pekín diciendo que ya has llegado, que a tu izquierda tienes restaurantes y lo de enfrente es un centro comercial, mientras tú te preguntas dónde están las galerías de arte...

- Entra al museo de Historia de China, y encuentra que TODO está escrito solamente en mandarín. Eso sí: tienen audioguías para los turistas. También en chino...

- De los WC no hay mucho que decir. Son agujeros en el suelo. Literalmente.

- Los chinos son mercaderes por naturaleza: si , por ejemplo, vas a una farmacia a comprar líquido para las lentillas, harán lo imposible para venderte también vitaminas para la piel.

- El supermercado es toda una experiencia: dependientas en los pasillos vociferando (y no exagero) las ofertas del día. Carne en bandejas, sin refrigerar, donde tú mismo eliges y te sirves lo que quieras. La pescadería son un montón de peceras, donde eliges el pez que más te guste y te lo matan y preparan en el momento. Y dentro del supermercado hay puestecillos independientes de comida rápida china (pinchitos, dumplings, dulces...), con la consiguiente mezcla de olores...


- Subir a la muralla china (o el surrealismo máximo) es toda una aventura situada entre Pekín Express y Desafío Extremo:

Primera subida (Mutianyu): Tras preguntar y dar muchas vueltas, encuentras por fín a un chino muy simpático que te deja en la puerta del bus e incluso te paga el billete. Un rato más tarde, el bus se para en medio de la nada, se abre la puerta y un chino con una gorra del Partido Comunista te despierta a voces gritando algo parecido a que te bajes del bus. Le haces caso. Pero no es un militar: son taxistas espontáneos que se dedican a parar los buses y bajar a los occidentales para subirles a la muralla en sus coches particulares. Y como estás en medio de la nada, no tienes más remedio que aceptar, regatear y subir con ellos, porque el bus hace rato que se marchó... Una vez en la muralla, te esperan 3 horas de caminata, frío, escalones irregulares, alpinismo y placas de hielo...

Segunda subida (Badaling): Esta vez tienes muy claro que no piensas bajar del bus hasta que estés al pie de la muralla. Con lo que no cuentas es con que esta vez los espontáneos ni siquiera te dejan subir al bus. Después de enfadarte, discutir y montar un pollo en plena calle, decides rendirte y negocias un precio con uno de ellos, con la ayuda de una niña china que te hace de intérprete. Una vez en la muralla, tienes una trifulca con el espontáneo y todos sus amigos taxistas porque te quiere cobrar el doble. Le pegas un explicote en una mezcla de 3 idiomas distintos, y entras a la muralla sin pagarle. El problema: que cuando quieres volver a Pekín, ni él ni el resto de sus amigos te quieren llevar. A eso súmale que no llevas dinero suficiente para pagar los 2 buses que hay que tomar para volver a Pekín, y, que por supuesto no hay cajeros porque estás enmedio de la nada... El problema se resuelve haciendo autostop y bajando en LA FRAGONETA, llena de cremalleras y conducida por 2 chinos que te dejan en una boca de metro a 2 paradas de tu hotel.


Me vine enamorada de Pekín, y no veo el momento de volver a la ciudad con más personalidad en la que he estado..